Opiniones y reseñas literarias, musicales y más

sábado, 13 de octubre de 2012

Gratis no es igual a malo


Mis quesitos favoritos son los de marca Carrefour. Lo son por su sabor y su textura, no por ser de marca blanca. De hecho, me da igual que no sean El caserío o La vaca que ríe. Y tampoco me importa que sean más baratos. Los compro porque son los que más me gustan y punto. Me pasa igual con el chorizo de pavo de Hacendado o el aviva-rizos Deliplús (las marcas blancas de Mercadona de alimentación y perfumería respectivamente), que me encantan y me parecen mejores que los de otras marcas más conocidas. También utilizo la mascarilla para el pelo Les Cosmetiques (otra más de Carrefour) porque me deja un pelo fantástico y huele que da gusto. Pero de la misma forma que uso estos productos de marcas blancas, solo bebo leche de la Central Lechera Asturiana, utilizo mascarilla facial de Lancaster y todos mis perfumes son de marcaza.
Con esto quiero decir que lo que me importa de un producto es la calidad (entendiendo como calidad la satisfacción personal que me producen), no que sea de marca X o marca Y. Y si me gustan tanto ciertos productos de marca blanca es porque su calidad me resulta enteramente satisfactoria. Porque el que un producto sea de marca blanca, o más barato, no implica que no haya de tener unos requisitos mínimos que le permitan salir al mercado. Lo mismo pasa con los libros. Y con mayor razón: no por ser barato (incluso gratis) debemos dejar de exigirle ciertos estándares de calidad.

Desgraciadamente, muchos de los libros que nos encontramos autopublicados en internet no cumplen estos mínimos ni por asomo, y es bastante frecuente que nos encontremos con auténtica bazofia que parece escrita por un niño de ocho años: faltas ortográficas y gramaticales, estilos mediocres, argumentos inverosímiles, maquetaciones penosas… Y, en la mayoría de estos casos, como lectores tenemos la sensación de que el autor no ha prestado atención a su obra. No la ha revisado. No se ha preocupado por ella. La ha hecho pública (al fin y al cabo, eso es publicar) sin cerciorarse de que esté lista para ofrecerla a extraños (en muchísimas ocasiones, además, pretendiendo cobrar por ello). Y no, el que un libro sea gratis o barato (lo cual no sucede en todos los casos), no es excusa para que pueda estar mal escrito, sin revisar o maquetado con una fuente digna de la portada de un disco de death metal. Da igual que el autor no cuente con el corrector de una editorial, que para leer y releer una obra y darse cuenta de sus errores se vale uno mismo.
Es más, la autopublicación online debería ser incluso un aliciente para que el autor mimase más su obra, pues es de lógica que algo mal escrito, con fallos… lo único que va a conseguir es menos demandas y un aluvión de opiniones negativas. Mientras que una obra de calidad autopublicada puede convertirse en un éxito y acabar siendo publicada por una editorial convencional (que, no nos engañemos, es el sueño de cualquier autor).
Por eso pido a estos autores que no piensen que por regalar o dejar sus obras muy baratas pueden permitirse que su calidad sea ínfima.

Pero si pido a los autores que cuiden su obra, los lectores más exigentes también deben desterrar el cliché de que algo, por el mero hecho de ser gratis o muy barato, vaya a ser malo. Así que no hay que descartar cualquier cosa simplemente porque se ha autopublicado y el autor lo haya puesto gratis o a un precio ínfimo.
Aunque es verdad que, por desgracia, entre las obras autopublicadas que pululan por internet se encuentra mucha ponzoña, también hay agradabilísimas sorpresas por descubrir, libros realmente buenos y tan bien presentados (en todos los sentidos) que parecen corregidos y publicados por una editorial convencional. En algunos casos, las obras pueden ser tan buenas que nos hacen preguntarnos qué hace ese libro en una plataforma de autopublicación y no en las estanterías de una librería o unos grandes almacenes.
Pero de la misma forma que digo esto, también animo a los lectores a que no olviden su criterio ni sus exigencias, y que no levanten la mano indiscriminadamente con obras de malísima calidad tan solo porque sean gratis o cuesten céntimos, cuando a esa misma obra, si la hubiera publicado una editorial “normal” y tuviese otro precio, se le exigiría mucho más y no se le pasarían por alto errores garrafales. Porque la escritura tan solo depende del talento del autor, y este debería ser el mismo publique sus libros en Planeta que en su blog. Así que tampoco seamos demasiado permisivos, porque así lo único que conseguiremos será que haya un grupo de escritores y obras mediocres a los que se perdonará todo y se les permitirá, sin criticarlos, cualquier tipo de fallo. 

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