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lunes, 20 de mayo de 2013

Kamelot: Epica


Decir que te gusta Kamelot en según qué círculos queda mal.  Es un poco como decir que te gusta Sálvame cuando estás rodeado de gente que jura y perjura que solo ve Redes y Saber y ganar o, peor aún, que asegura no tener tele. Y da igual que a ti te guste la música clásica (pero nada de cosas mainstream como Mozart o Las cuatro de estaciones de Vivaldi, no, tú escuchas Dvořák -¿Débora qué? Débora nada: vórsak), que te pases los fines de semana viendo una y otra vez la filmografía de Akira Kurosawa y que estés escribiendo la segunda parte del Ulysses de Joyce, porque como admitas que te gusta Kamelot eres un proscrito. Personalmente, me encantan Kamelot.

Kamelot es un poco como las viejas películas de la Hammer o los cuadros prerrafaelitas: hortera pero lleno de encanto. Sí, señoras y señores: encanto. Un encanto que salva al grupo y, a la vez, lo hace delicioso.
Aunque el grupo fue creado en 1991 por el guitarrista Thomas Youngblood y su compañero de instituto, el batería Richard Warner (entonces solo unos adolescentes), no grabaron su primer álbum hasta 1995. Con un sonido muy influenciado por el power metal, Eternity, su álbum de debut, se alejaba de las corrientes americanas que reivindicaban sonidos cada vez más propios y alejados de la escena europea. De este disco, lo único destacable era la voz de su vocalista, Mark Vanderbilt.  Sin embargo, Mark Vanderbilt abandonaría la banda tras el siguiente álbum, Dominion, al igual que el propio Richard Warner. Paradójicamente, la salida de Vanderbilt (qué fue de él es un misterio, por cierto), significaría el cambio y el empuje que Kamelot necesitaba, pues su sustituto fue Roy Khan, cuya poderosa y cuidada voz llevaron a la banda a un nivel superior, más sinfónico, más grandioso y más épico. Todas estas cualidades se multiplicarían al dejar la producción en manos de Sascha Paeth, músico y productor alemán que ha colaborado (y colabora) con Edguy, Avantasia o Epica, entre otros.

Sascha Paeth tiene aspecto de buena persona. Es el típico tío que ves y te cae simpático. De hecho, por su cara no dirías que es productor (y de los grandes, además). Por supuesto, no se debe juzgar a un libro por su portada, pero a Sascha Paeth lo ves ahí con su sonrisa de bondad y, por algún extraño motivo, se te hace difícil verlo haciendo mezclas, diciendo cómo se tienen que hacer las cosas, dando órdenes y ese tipo de asuntos que normalmente asociarías con un productor. Ojo, que no estamos diciendo nada malo de él, que a nosotras Sascha Paeth nos cae muy simpático.

No diréis que no mola
Pero volvamos a Kamelot que nos estamos yendo por las ramas. Como decíamos, Sascha Paeth realzó la parte sinfónica y le dotó de un dramatismo del que hasta entonces carecía casi por completo (o, al menos, de un dramatismo distinto, uno mucho más trabajado y rebuscado –rebuscado en el buen sentido, eh-). El componente hortera siguió, aunque menos, pero estamos hablando de una horterada en el buen sentido. Sí, existe tal cosa. Es, como decíamos al principio del post, como las películas de la Hammer (las de antes) o las versiones de las historias de Poe que hacía Roger Corman a principios de los 60. Nadie que haya visto The Gorgon, The Brides of Dracula, The Curse of Frankenstein o la paródica The Raven de Corman puede negar su toque cursi. Cursi, sí. Pero con un encanto visual que ya querrían para sí muchas obras maestras. Con Kamelot pasa lo mismo, pero trasladando lo visual a los musical.  No os vamos a hablar en detalle ni de la transición ni de la discografía de Kamelot al tomar las riendas de la producción Sascha Paeth, ni de cómo su carrera se asentó definitivamente, que ya nos hemos extendido demasiado y va siendo hora de ir al grano. Porque este post va de un disco conceptual, concretamente de Epica.

Si la portada os parece terrible,
no queráis ni imaginaros el booklet
Epica, el sexto álbum de estudio de Kamelot, se publicó en 2003 con Noise Records. Fue el último disco con portada morada de remembranzas ochenteras que les habían caracterizado hasta entonces (después de este disco mejoraron mucho, todo hay que decirlo) y el primero de sus álbumes conceptuales. La historia que cuenta está basada en el Fausto de Goethe, novela a su vez inspirada en el personaje alemán del mismo nombre. Se supone que hubo un Fausto que vivió entre los siglos XV y XVI (Wikipedia dixit) real cuya historia fue la que inspiró las posteriores obras literarias (ni que decir tiene, que con elementos fantásticos y bastante poco creíbles). En cualquier caso, la historia “popular” que nos ha llegado de este personaje es la de un hombre que vende su alma al diablo por conocimiento. Sí, por conocimiento. Que estamos en el siglo XV y lo de que el hombre quisiera saber más de lo que se le permitía, estaba muy mal visto desde lo de Eva y Adán. Goethe añade a la trama una historia de amor trágico y pasional, que Kamelot recupera al adaptar la obra, pero que difiere del libro de Goethe: para empezar, en el Fausto de Goethe el protagonista no se llama Fausto, sino Ariel, y el personaje principal femenino en la novela se llama Gretchen (Margarete), mientras que en Epica  responde al nombre de Helena. Y, mientras que en el libro Fausto conoce a Gretchen más adelante y se obsesiona con ella, en el disco Helena y Fausto se conocen desde niños y su amor es mucho más auténtico. Hay otras diferencias (muy grandes e importantes), pero como Epica también tiene una segunda parte –The Black Halo-, vamos a centrarnos en este disco y en la historia que cuenta.
En Epica, Mefisto (Satanás) propone un reto a Dios: si logra el alma de Ariel, favorito de Dios, este le permitirá volver al Cielo.

Ariel es un joven un tanto plasta: está en un sinvivir por no saber qué hay más allá del mundo que le rodea, lo cual le hace sentirse solo y desgraciado, hasta que una voz interior (su mente) le dice que si quiere saber, se tiene que ir lejos, en la que es una de las canciones más cañeras de todo el álbum:

VOZ: Over the ocean the quest of your life lies ahead
ARIEL: Maybe together we'll find there's a place for us all
(VOZ: Más allá del océano te aguarda la búsqueda de tu vida
ARIEL: Quizás juntos descubramos que hay un lugar para todos nosotros)
“Center of the Universe”




Ariel parte entonces en busca de respuestas para esas dudas existenciales que tanto le atormentan (“Farewell,” otra canción rapidísima), pero el tiempo pasa y la respuesta no llega. Así que no se le ocurre otra cosa que darse a las drogas a ver si entre visión y visión ve algo que realmente valga la pena, pero lo único que ve es “demon eyes and wings unfurled” (ojos de demonions y alas desplegadas) (“The Edge of Paradise,” un tema muy chulo, con ese toque oriental que tanto gusta a esta banda). Así que ya desanimado se acuerda de Helena y se da cuenta de que lo que está haciendo es una gilipollez como la copa de un pino (“Wander”). Cuando está a punto de acabar con su vida, en la canción “Descent of the Archangel” -quizás la más hortera de todo el disco con esa intro en la que se mezclan un saxofón, música electrónica de estilo ochentero, e instrumentos y coros orquestales, que no pegan mucho con la rapidez del bajo, la batería y la guitarra que surgen a continuación-, aparece Mefisto con la apariencia de un ángel y le promete el oro y el moro a cambio de su alma:

I thought you knew I'd come disguised
On angel wings...in white
I can make your dreams come true
 (…)
I will show you everything so vividly
You can't deny me
(…)
Think well
Do take your time
Because your soul
Will be mine the day you die
(Pensé que sabías que vendría disfrazado
Con alas de ángel… De blanco
Puedo hacer tus sueños realidad
(…)
Te lo mostraré todo de forma tan vívida
Que no podrás negarme
(…)
Piénsalo bien
Tómate tu tiempo
Porque tu alma
Será mía el día que mueras)
“Descent of the Archangel”
Y Ariel, que por si no os habíais dado cuenta, es medio bobo y aburre a las moscas con su búsqueda de respuestas, acaba acudiendo al castillo de Mefisto que, por la intro de la canción nos da que es como ir al castillo de Drácula con Christopher Lee esperándote al final de una mesa de comedor de diez metros, pero no, el castillo resulta ser un lugar de lo más ostentoso (“Chandeliers so grand / That heaven sees  the shine” – “Candelabros tan grandiosos / Que el cielo ve el resplandor”)como el piso de Sara Montiel,  y Ariel, que además de plasta parece que no tiene muy buen gusto, queda tan maravillado que acepta el trato, pero con una condición:

I accept the deal
But one point we have to modify
If I wish to linger on
In a state of still
Only then I’m yours the day I die
(Acepto el trato
Pero hay un punto que tenemos que cambiar
Si deseo permanecer
Prendido en un instante
Solo entonces seré tuyo el día que me muera)
“A Feast for the Vain”

Tras dejar el Castillo, Ariel se encuentra (mira tú qué casualidad) con su amada Helena, que llevaba años buscándolo, y pasan la noche juntos (“On the Coldest Winter Night,” una balada acústica de tono setentero con mucha cuerda clásica que puede resultar bastante moñas y tiene ese toque hortera del que os hablábamos). Pero Ariel pronto se cansa de estar con Helena, y en “Lost & Damned,” una canción a la que el piano y el acordeón dan unos originales toques tangueros, muy poco habituales en el heavy metal, y que van que ni pintados a la letra, decide partir de nuevo en pos de esa búsqueda que ni siquiera él mismo sabe qué es, dejando a Helena compuesta y sin novio con excusas tan bonitas como: “I never promised anything / This may well be goodbye” (Nunca prometí nada / Esto bien puede ser un adiós), “Love means nothing to me / If there is a higher place to be” (El amor no significa nada para mí / Si existe un lugar más elevado). O la mejor: “Helena, don’t you cry / Believe me, I do this for you” (Helena, no llores / Créeme, hago esto por ti).



Al verse abandonada, Helena se suicida ahogándose en el río (matando también así a la hija que lleva en su interior), aunque sin dejar de querer a Ariel:

And if this is goodbye
I will leave
But I’ll love you
Until the end
(Y si esto es el adiós
Me marcharé
Pero te amaré
Hasta el final)
“Helena’s Theme”
El espíritu del río pide a Dios que acoja las almas de Helena y su hija.
La noticia de la muerte de Helena y de su embarazo corre por la ciudad, y Ariel, aunque está lejos, lo descubre en sueños y, claro, se siente culpable (“The Mourning After,” un fantástico medio tempo que es uno de los mejores temas del disco).
En la última canción de Epica, “III Ways to Epica” (un tema progresivo con varias voces y muy rápido), Mefisto le viene a decir a Ariel que la muerte de Helena era prácticamente un precio a pagar (“When you play with fire / You must anticipate some burns” – Cuando juegas con fuego /Debes preparte para alguna quemadura). Ariel se ve abandonado por Dios, a quien culpa de la muerte de Helen (“Why did God take away / The one thing I wanted” -¿Por qué Dios se llevó / lo único que yo quería?-), y Mefisto aprovecha para volver a tirarle el anzuelo: “I can take you higher” (Yo puedo llevarte a lo más alto), a la vez que habla del afán destructivo del ser humano:

You would not feel sadness
If you never tasted joy
That's the curse of humans:
Born in passion you destroy
(No sentirías tristeza
Si nunca hubieras probado la alegría
Esa es la maldición de los humanos:
Nacéis de la pasión pero destruís)

Y aquí termina la historia que cuenta Epica, aunque no así la de Ariel, que continuará en el siguiente disco de la banda, The Black Halo, y del que próximamente os hablaremos en esta sección.
Epica es un disco magnífico (a pesar de su portada), con una producción cargada de grandiosidad, en la que destaca una magnífica orquestación, que se acopla perfectamente a una guitarra y una base rítmica muy progresivas y muy rápidas, y la increíble voz de Roy Khan. Roy Khan también abandonaría la banda años después, pero eso ya es otra historia.

Podéis descargar el disco en iTunes aquí por 10,99€. En Amazon lo tenéis disponible en mp3 a 9,99€ aquí y en cd a 7,70€ aquí.

6 comentarios:

  1. Me encanta este disco, de hecho cuando estoy baja de ánimos me gusta escucharlo. Lo descubrí casi por casualidad por un amigo y me sorprendió muchísimo. Sin embargo nunca había buscado ningún disco más de la banda, me pondré a ello.

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  2. Huy va, pues me habéis pillado con todo el equipo porque no me sonaban de nada. voy a echar un ojo por spotify que seguro que algo encuentro.
    Besos

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  3. es una obra de arte y es metal sinfonico por eso es diferente y se pueden encontrar instrumentos como un acordeón por eso es una de las mejores bandas por su composicion originalidad y interpretacion

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  4. es una obra de arte y es metal sinfonico por eso es diferente y se pueden encontrar instrumentos como un acordeón por eso es una de las mejores bandas por su composicion originalidad y interpretacion

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  5. amé este disco desde que escuché center of the universe. Todavía hoy lo escucho, es una joya de la banda, aunque la sigo hasta el día de hoy que Roy se ha ido, es mi disco favorito. También he leído el libro, mucho antes de conocer Kamelot, y ahora cuando lo releo, igual pongo kamelot de fondo. Gracias por esta reseña, chavo!

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