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lunes, 17 de noviembre de 2014

Denostados best-sellers

¿Qué tienen en común los libros Historia de dos ciudades, Don Quijote de la Mancha, La Biblia y El código Da Vinci? Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, lleva vendidos más de doscientos millones de ejemplares; de El Quijote no se tienen los datos exactos, pero se estima que es el segundo libro más vendido de la Historia después de la Biblia (a la que se le calculan unos 6000 millones de copias vendidas, ahí es nada) y el primero de ficción. El código Da Vinci, la novela que catapultó a la fama a Dan Brown, ha vendido más de ochenta millones de ejemplares. A pesar de que los tres primeros sean obras cumbres de la Historia de la Literatura y El código Da Vinci se considere una ponzoña, los cuatro son best-sellers.

Pese a lo que algunos se empeñen en afirmar, para que un libro sea considerado un best-seller no sirve con que tenga un estilo “facilón” (sencillo y ágil, para el común de los mortales), una trama frívola, fantasiosa y alejada de la realidad (que enganche y no sea un tostón) o que su autor sea un escritor “Estrellita Castro”. No, esto no es suficiente: un libro no es un best-seller hasta que no se convierte en un éxito. Mientras tanto, por muy “superficial” que sea no es un best-seller.

Charles Dickens, autor de best-sellers
Despreciar un libro por el mero hecho de ser un best-seller es tan frívolo y banal como el libro en cuestión, como si el hecho de tener éxito y vender mucho, lejos de ser una virtud y algo meritorio, fuera una aberración de la que debe huir cualquier escritor que quiera hacer literatura “de calidad” (en qué consistiría dicha calidad es otro cantar). Que un libro venda no tiene que ver con su calidad –o, más bien, con su falta de ella–. Hoy en día, si un libro vende muchos ejemplares suele ser más una cuestión de marketing y promoción, o boca a boca. Pero muchos (¿pseudo?)intelectuales parecen opinar que al convertirse en un best-seller un libro pierde cualquier valor literario que pudiera tener. “Yo no leo best-sellers”, dicen, como si el hecho de vender estuviera reñido con un extraño concepto de “literatura elevada” que no solo castiga la popularidad sino también todo aquello que esté hecho para el entretenimiento o pueda resultar “ligero”. ¿Despreciarían también a los ya mencionados Historia de dos ciudades o El Quijote? Que la obra de Cervantes hoy en día pueda resultar farragosa no muy asequible no tiene nada que ver con su calidad ni con su condición de obra cumbre de la Literatura, sino con que en el Siglo de Oro hablaban así. Y aún peor: ¡fue un best-seller desde el principio (cuando se publicó por primera vez, allá por 1605)! De hecho, tuvo tal éxito que hasta le salieron varias imitaciones –la más conocida es la firmada bajo el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, cuya verdadera identidad aún no se ha conseguido desvelar–.  ¿Os imagináis a los snobs de la época diciendo “Esto de  El Quijote  es para tontos. Yo solo leo a Aristóteles y a Ovidio”? ¿Verdad que no? Pues eso. Y lo mismo sucede, por ejemplo, con Dickens: que sus novelas tengan un estilo decimonónico no tiene nada que ver con su calidad literaria: es el lenguaje de la época. De hecho, Dickens era un maestro en esto del best-seller; sus obras se vendían a menudo en formato de folletín y tenían muchísimo éxito entre la gente de las clases sociales más bajas. Su popularidad fue tal que se hizo rico gracias a la escritura y al morir fue enterrado –contra su voluntad– en la abadía de Westminster. Dickens escribía obras comerciales destinadas al gran público, pero actualmente está considerado un maestro de la literatura.

Dudamos mucho que la saga de las Sombras de Grey o las novelas de Dan Brown vayan a estudiarse en las escuelas y universidades dentro de cien años (aunque quién sabe), pero despreciar a una obra por tener éxito es pueril y snob. Al igual que criticar a los escritores que escriben libros destinados al entretenimiento y (¡oh Dios mío, qué pecado!) quieren vender y ganar dinero con sus obras. Y no olvidemos que, al fin y al cabo, un best-seller es un libro que vende mucho, lo cual no tiene nada que ver con su calidad.


3 comentarios:

  1. Hola^^
    Totalmente de acuerdo con vosotras, nada más que añadir, tan solo un aplauso para vosotras.
    besos!

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  2. Absolutamente de acuerdo. Una estupenda reflexión que ojalá tuvieran todos los que denostan una obra, por haber cometido el pecado de gustar a muchos lectores. He perdido la cuenta de las veces que he tenido que defender que un la calidad de una obra literaria no se mide por lo farragoso de su lectura o lo intrincado de su mensaje.

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  3. hola estoy de acuerdo con lo que dices, a pesar de que nos sorprendamos de que determinadas novelas tengan tanto éxito, supongo que algo tendrán aunque nosotros no se lo encontremos jeej chao

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